martes, 28 de agosto de 2012

La solución es el campo de concentración

Una de las grandes cifras mágicas y aterradoras que se oyen ahora es el monto total de la deuda, o el déficit, o lo que sea técnicamente: lo que debemos en definitiva los españoles (sí, usted y yo y ese de más allá) a los inversores internacionales y nacionales: unos 900.000.000.000 €. Eso quiere decir que tocamos a unos 20.000 € por cada hombre, mujer, niño o niña que vive en el Estado español.

¿Cómo vamos a pagar esa espantosa deuda, que asciende a casi la productividad complet de un año de nuestro país? Tendríamos que trabajar un año entero sin ganar nada a cambio, cosa imposible pues la gente, en general, suele comer todos los días. Pero la historia viene en nuestra ayuda. Es perfectamente posible dedicar toda o casi toda la producción del país a pagar la deuda sin pagar sueldos y sin que la gente se muera de hambre del todo.

Se trata sencillamente de crear un sistema de campos de concentración para aproximadamente 25 millones de personas en edad productiva. La principal ventaja de este sistema es una drástica subida de la competitividad de nuestro país, que nos permitiría bajar los precios de nuestros productos y por ende vender más. La clave de la competitividad está en reglamentar las condiciones de vida  para que la subsistencia de los trabajadores cueste lo menos posible. Y el lugar adecuado para conseguir este objetivo es el campo de concentración.

No se crea que es un invento ajeno a la cultura española, pues recluir a poblaciones enteras detrás de alambradas parece que fue un invento del general Valeriano Weyler en Cuba, en las décadas finales del siglo XIX. Luego los ingleses refinaron el sistema en la guerra bóer y posteriormente la Alemania nazi y la Unión soviética estalinista agrandaron y refinaron el sistema hasta cotas grandiosas. En nuestro país, el proyecto republicano de campos de concentración para vagos y maleantes fue sucedido durante la guerra civil y después por un extenso archipiélago de campos  para prisioneros de guerra y rojos.

El campo de concentración ahorra mucho dinero y eleva por lo tanto la competitividad por una simple cuestión de economía de escala: es más barato alojar a 100.000 personas en 100 barracones y darles de comer rancho que no dejarles vivir en pisos y que se gestionen la comida ellos mismos. Las economías pueden ser enormes. Existen ejemplos históricos de unos gastos de manutención completos, todo incluido, por interno y día de aproximadamente un euro (al cambio actual).

La reclusión de la población activa en campos sería temporal, no debería durar más un año. Es un  plazo más que suficiente, con un buen ritmo de productividad estimulado por una disciplina severa pero justa, para pagar todas nuestras deudas y que sobre un poco por sí aún queda algún banco por salvar.

2 comentarios:

  1. Donde me puedo apuntar ?
    Un año ? Que tranquilidad , olvidando de to...

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    1. Mejor, agarramos a los 450.000 políticos que tiene España y les metemos en esos campos diez años o mejor veinte. Si alguno quiere salir antes, se le hace un estudio económico para que suelte toda la pasta que ha robado con su interés y gastos y ya se verá.

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